China Hoy: 2026, año del Caballo de Fuego

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Símbolo de coraje y energía.

China Hoy: 2026, año del Caballo de Fuego
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Por Gustavo Ng

Una de las formas de referirse al horóscopo en China es shengxiao, término que, traducido al español, pierde su síntesis de manera tal que la pregunta "¿cuál es tu signo?" se transforma en "¿cuál es el semblante del año de tu nacimiento?"

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20 de diciembre de 2025. Peatones pasan junto a una lámpara con forma de caballo en el distrito comercial Xidan de Beijing. Xinhua

Por otra parte, "astrología" se dice zhanxingshu, que significa "arte de adivinación basado en las estrellas". Sin embargo, el conocimiento del horóscopo chino procede menos de la lectura de los astros que del acervo científico que ha acumulado la cultura china durante siglos, nutrido por miles de generaciones de astrólogos y por una gran diversidad de tradiciones epistemológicas de distintos pueblos.

En la mitología china los caballos tienen una presencia importante, como en el caso de longma, el caballo-dragón, que es la fuerza bruta del caballo elevada al principio celeste simbolizado por el dragón. También está el tianma, caballo celestial, inspirado en los caballos de Ferghana (actual Uzbekistán), conocidos desde la dinastía Han (202 a. C.-220 d. C.), cuando llegaron a través de la Ruta de la Seda.

Esas tradiciones fueron afluentes de un gran río. Naturalmente, las escuelas de mayor gravitación en el pensamiento chino son las que más contribuyen a su horóscopo. Por ejemplo, para presentar al Caballo, símbolo que rige desde el 17 de febrero de este año hasta el 5 de febrero de 2027, sería conveniente recurrir a la idea de qi, que suele traducirse como "energía".

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28 de noviembre de 2025. Imagen de una de las monedas de oro conmemorativas emitidas por el Banco Popular de China para celebrar el año del Caballo del zodiaco chino, en Beijing. Xinhua

Una criatura hecha de energía

Entre los conceptos chinos, qi es posiblemente el más aproximado al de "energía", pero debe advertirse que la semejanza entre el español y el chino cuando se trata de conceptos profundos es apenas aproximada. La idea de energía solo evoca la de qi. De un modo abusivamente simplificado podría decirse que, para el confucianismo, qi sería el aspecto material energético de la realidad, de alguna manera complementario de li, el orden cósmico subyacente en todas las cosas, que a su vez es la naturaleza esencial o el patrón que define qué es cada ser. Así, la energía se ofrece para dar forma material a las premisas de la realidad.

De la misma forma podría decirse que en el campo del taoísmo, qi es la fuerza primordial que surge del vacío. De ella brota todo el universo y es la fuerza vital que anima el cuerpo, la mente y el espíritu. Estas nociones del qi han nutrido la representación del caballo en general y del horóscopo en particular. De todos los múltiples y complejos atributos del qi, se aplican al caballo los de la energía primigenia, la fuerza que impulsa. La imagen es la de un caballo que está quieto y en un momento se lanza a la carrera. El repentino empuje está concentrado en las patas traseras del caballo, que lo lanzan hacia adelante con una potencia formidable. Toda la realidad se conmueve en ese instante. Nace una nueva vida, nace el caballo en movimiento, nace un tiempo específico.

El qi del Caballo del horóscopo chino (al cual identificamos con la "C" mayúscula para indicar su peculiaridad) es el primer motor, la propulsión originaria, el estremecimiento del arranque y la convulsión de la nueva vida. No es solo una entre otras características: el qi es el nudo semántico que configura la esencia del modo de ser del Caballo. La lógica propia, singular, del Caballo se organiza en torno a esta concepción del qi. De esta manera, el Caballo del horóscopo simboliza el nacimiento. El ser Caballo es el nacer en cada momento, ante cada situación. Un nacimiento incesante, perpetuo. Un manantial de donde surge lo nuevo. El Caballo está condenado a ser una primavera eterna.

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24 de septiembre de 2025. Turistas toman foto a los caballos Akhal-Teke en una base ecológica de Xinjiang. Wei Yao

El asombro

El modo de su existencia es virginal. Cada vez que se enfrenta a algo, por mucho que lo conozca, el Caballo siempre sentirá un golpe de sorpresa: el asombro de estar ante algo que nunca había visto. Esto desencadena en el Caballo curiosidad, susto y el impulso de poner las cosas en movimiento -su mente, su cuerpo y aquello ante lo que se encuentra-, de un modo lúdico. "Gozando la brisa de primavera, los cascos del caballo se aceleran; en un solo día veo todas las flores de Chang'an", dice el poeta Meng Jiao de la dinastía Tang (618-907).

En esa sensación, el Caballo recrea y crea el objeto, la situación, el pensamiento y el espíritu con el que ha hecho contacto. Lo dota de novedad, de nuevo ser, de extrañeza y de nueva originalidad. El pasado del objeto queda suspendido, solo hay presente.

El Caballo vive sus impulsos como inspiraciones. El mundo rutinario está fuera de su vista, si vive solo en una rutina, el espíritu de Caballo quedará opacado hasta la inexistencia. Ante el mundo el Caballo se impulsa inspirado. La inspiración es otro nombre del qi, que es el padre del Caballo. No es solo un empujón desde la nada, sino un empujón con espíritu. Cuando se inicia un trazo al escribir caligrafía china, la mano, el pincel, la tinta, el espacio en blanco y el papel estallan en un momento imbuido de espíritu. Su iniciativa surge menos del pasado y la experiencia que de la inspiración que sopla como un viento cuyo origen es misterioso y desconocido.

La pureza

Todo lo que existe en el universo es materialización del qi (por ejemplo, los cinco elementos -metal, agua, madera, fuego y tierra- son estados diferentes del mismo qi). Sin embargo, el qi que nace -o renace- es qi en estado original, incontaminado; aún no tiene forma, ni ley, ni ha introyectado pautas, ni tiene guía, ni imita a un modelo. Es solo en sí. No es posible predecir hasta dónde puede llegar. Es salvaje, indómito. El qi en estado de pureza perfecta es de una belleza estremecedora. También su talento tiene la potencia de lo inicial, el brío de lo naciente, lo que produce asombro, fascinación -y quizás también algo de miedo-. Es un talento notable, cuya virtud fluye sin obstáculos ni frenos.

El Caballo ve las cosas por primera vez. Su visión es original. Las cosas que han sido vistas durante miles de años cobran un nuevo semblante cuando las ve el Caballo. Además, su mirada tiene la perceptividad de quien mira sin prejuicios, sin saber qué va a ver. Las cosas del mundo no le son familiares y por lo tanto le resultan extrañas. Esto crea una distancia entre el Caballo y el mundo -una distancia que el horóscopo, en su manera holística de ver todos los aspectos de la realidad conectados de muchas maneras, como la resonancia y la correspondencia, identifica con el gran tamaño del animal caballo, que lo ve todo desde una gran altura-.

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8 de agosto de 2019. Un caballo de bronce de la dinastía Han del Este exhibido en el Museo Provincial de Gansu. Wei Yao

Un coraje grande e indómito

El qi hace del Caballo, por otra parte, una criatura de enorme coraje. El poeta Cen Shen, también de la dinastía Tang, escribió este trazo de una batalla: "Sudor congelado sobre su lomo; el corcel moteado y dorado embiste". El ímpetu impele al Caballo inevitablemente al enérgico movimiento hacia adelante. Con su tamaño, avanzar se transforma de modo ineluctable en una embestida. Su poder es difícil de contener y la acción que genera altera la realidad. El sinograma xiao (骁) -que contiene al signo del caballo (马) como radical- significa a la vez caballo, valiente y bravo o bravío.

Su gran tamaño hace del Caballo un ser tan magnífico como altivo y soberbio. Sin la vocación incurable de ser un rey -como la tienen el dragón y el tigre-, el Caballo mira el mundo y a los demás desde una posición superior. Está distante allí arriba, separado de los demás. Observa el antiguo mundo fatigado de historia, de sucesos que se repiten una y otra vez, de preocupaciones vanas, de rutinas recalcitrantes, de normas y leyes que todo lo achatan; echa un vistazo a ese mundo y se aparta. La posibilidad de ser domesticado hasta quedar oprimido por ese estado de las cosas le produce un violento rechazo. En la naturaleza de su qi está el permanecer indómito, de modo que el Caballo se rebela ante el orden, los escenarios establecidos, las estructuras instituidas, las costumbres rígidas, la disciplina, los protocolos, las conductas forzosas, los métodos obligatorios.

El radical de caballo (马) está presente en el sinograma ao (骜), que significa indómito, que no se somete, y señala a una criatura que entra en el mundo negándose, una voluntad que rompe disciplina y una fuerza que llega rechazando el orden. Representa la irrupción de lo no-controlado en el cosmos ritual. Justamente el concepto mismo de irrupción, chuang (闯), es visualmente eficaz: un caballo que está pasando por una puerta.

La mano que conduce la fuerza

El qi que es el Caballo en sí mismo debe ser direccionado a través de su materialización. En sí no tiene orientación. Es puro impulso. Lo que pone en movimiento puede dirigirse hacia cualquier lugar, hacia el cielo o el infierno, hacia la virtud o el vicio, la benevolencia o el egoísmo, la catástrofe o la construcción, el caos total o un orden acabado. Por esta razón es que el confucianismo encuentra que el fundamento del Caballo requiere de li, para completarse.

El carácter yu (驭), que significa domar o gobernar, se compone mediante los signos de caballo (马) y mano (又). Podría formularse que gobernar es tomar la irrupción y encauzarla. El qi se niega a ser domado, pero si no es encauzado, solo se quema, se pierde, se evapora sin fecundar el mundo.

Cada uno de los tótems del horóscopo chino tiene un camino hacia la realización. En el caso del Caballo, la realización consiste en el pleno despliegue del qi constitutivo de su naturaleza, a través de un cauce. Los mismos esquemas, formas, patrones, órdenes, sistemas, estructuras y procedimientos establecidos que el qi resiste deben ser los que contengan y ofrezcan una vida armoniosa al Caballo.

*Gustavo Ng (伍志伟, su nombre en chino) es periodista argentino especializado en cultura de China y editor de la revista DangDai.

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