Una potente celebración del legado de los mentores del power metal se vivió en el retorno a Chile de Helloween, con una presentación enmarcada en la gira que festeja los 40 años de trayectoria de la banda alemana.
Pese a coincidir con la noche del 11 de septiembre, fecha emblemática en Chile al conmemorarse los 53 años del golpe de Estado, los fanáticos llegaron en masa para repletar el renovado Santander Arena (exMovistar Arena) y reencontrarse con la agrupación en una ocasión que resultaba especial al ser la única fecha de su "40 Years Anniversary".
Antes de que las calabazas se subieran al escenario, fue misión de los locales Polímetro encender al público que comenzaba a llenar el Santander Arena. Uno de los grupos pioneros del metal progresivo nacional, no tardó en demostró su destreza al debutar en este escenario, dejando los nervios atrás y prendiendo a la audiencia con coreadas canciones como "Fragmentos".
Misión cumplida, porque el ánimo estaba en su peak al empezar a sonar "Let Me Entertain You", de Robbie Williams. Ese era el anticipo del inicio del show que, como buena tradición europea, partió puntual a las 21:00 horas.
El telón cae con una explosiva pirotecnia y la pantalla al centro del escenario empieza a formar dos distintivos ojos, para luego hacer un recorrido por los discos más emblemáticos del grupo, desde "Walls of Jericho" (1985) al reciente "Giants and Monsters" (2025).
Fue la única fecha en Chile de su "40 Years Anniversary". (Foto: Lukas Cruzat)
Aquel viaje por el tiempo no podía comenzar de otra forma que con "March of Time", que prendió al público con tal fuerza que se abalanzó hasta el escenario con absoluto descontrol. La fiesta había comenzado y los leales fanáticos chilenos no querían decepcionar a las calabazas, que saben muy bien de la energía que desbordan sus seguidores en el fin del mundo.
Con una impecable puesta en escena, posiblemente la mejor que haya producido la banda alemana de todas sus presentaciones en Chile, el trayecto por la historia de los padres del power metal continuó con "The King for a 1000 Years", donde Michael Kiske y Andi Deris mantuvieron una dinámica que ya es una tradición de la era de las "calabazas unidas", cantar a dueto gran parte de las canciones, sin quitar protagonismo al otro.
Su interpretación fue impecable y demostraron que 40 años de carrera no son nada, llegando a las notas altas sin esfuerzo y entreteniendo al público que nunca dejó de estar en conexión con la banda, especialmente cuando Deris hablaba en español con la audiencia y se burlaba de Kiske por no entender el idioma local.
El viaje también tuvo espacio para los temas de su más reciente disco -que no será el último-, con "This Is Tokyo" y "Universe (Gravity for Hearts)" entre las más destacadas, pero la banda sabía muy bien a lo que venía y lo entregó todo con "Future World", la enérgica "We Burn" y la clásica "I Want Out". Tampoco se olvidaron la breve etapa de Kai Hansen en las voces, sonando "Ride the Sky" y "Heavy Metal (Is The Law)" para dar cuenta de toda la historia del grupo.
Uno de los momentos más aplaudidos de la noche fue escuchar, por primera vez en Chile, "Twilight of the Gods", con máquinas de arcade apareciendo en la pantalla y un mensaje que se adelantó en años al conflicto de la humanidad con la tecnología que existe en la actualidad.
"Twilight of the Gods", uno de los momentos más celebrados de la noche. (Foto: Lukas Cruzat)
El infaltable solo de batería de Dani Löble y el segmento acústico de Kiske y Deris, incluyendo tener a todo el Santander Arena coreando "Yesterday" de The Beatles, fueron algunos de los momentos más destacados del concierto, que cerró con el feroz adelanto de Noche de Brujas de la emblemática "Halloween".
Pero la noche aún no terminaba y la banda volvió al escenario sin perder energía para entregar las últimas canciones, "Eagle Fly Free", seguida de "Power" y cerrando todo con "Dr. Stein", además de una pequeña porción de "Keeper of the Seven Keys".
El público sabía que la banda aún tenía repertorio y fuerza para seguir, pero era el momento de agradecer y festejar a los padres del power metal. En señal de respeto, los alemanes se despidieron con una reverencia, dejando de manifiesto que 40 años no son nada. Citando a Deris, una celebración que estuvo "la raja".