Dimas fue un ladrón. No uno cualquiera, sino uno de los dos que murieron crucificados al lado de Jesús. El que, en el último minuto, entendió algo esencial. El único del que los cristianos estamos seguros que entró al paraíso. No por su prontuario, sino por su humanidad en el instante final. Es el buen ladrón.
En ese Dimas piensa Khristian Briones (47) cuando bautiza su fundación y su empresa, cuenta en "Ojos que Sí Ven".
Y no es casualidad. Khristian también fue ladrón. También estuvo preso. Diez años. También vivió en la calle, cayó en la pasta base, pasó por el Sename más veces de las que puede contar sin cansarse. Hoy, en cambio, es trabajador social, fundador de una organización de reinserción social y creador de una empresa que solo contrata a personas con pasado carcelario. Lo escucho hablar y no hay épica. Hay claridad. Y algo de humor seco, de sobreviviente.
Le pregunto quién es Dimas, porque confieso mi ignorancia más allá de Luis Dimas y una cultura bíblica a medio usar. Dice que Cristo murió con dos ladrones, uno que se burló y otro que lo defendió. Ese era Dimas. Y recuerda una frase que lo acompaña desde siempre. "Hoy estarás conmigo en el paraíso. Esa fue la promesa que le hizo Cristo en la cruz", dice, quien hoy dirige la Fundación Dimas y la empresa Aguas Dimas.
"Lo mío es un solo proyecto", explica. La Fundación Dimas tiene un brazo operativo que es Aguas Dimas. Vendemos bidones de agua purificada de 20 litros. Es una escuela-empresa. Aquí la gente que sale de la cárcel aprende a trabajar ganando un sueldo. Aprenden responsabilidad, disciplina, a cumplir horarios, a trabajar en equipo. Y eso cambia hábitos.
En siete años han pasado ya 10 personas. "No son muchas -dice sin adornos-, pero son diez personas que hoy no están delinquiendo. Diez personas que trabajan, que generan ingresos. Eso ya es mucho menos delito".
Hoy trabajan cuatro personas y están buscando una más. A futuro, sueña con un centro de reinserción en Peñaflor, en un terreno donado, con planta purificadora propia y espacios de trabajo con las familias y los hijos: "Para que no repitan la historia del papá".
Un choro
Tiene 47 años. A los 14 cayó en la pasta base. "Crecí en la José María Caro, en Lo Espejo. Éramos muy pobres. Mi abuelito alcohólico, mis tíos drogadictos. Teníamos que ir a pedir comida al vertedero, a La Vega. Empecé robando espejos retrovisores de micros, con mucho miedo. Caí al Sename y de ahí no salí más hasta los 18".
Le pregunto por su paso por el Sename. Suspira. "Estuve más de 15 veces ahí dentro. Entonces no había profesionales, como es hoy. Para resolver problemas entre nosotros nos hacían pelear. Hacían un círculo con todos los demás niños alrededor y peleábamos.
Ruda manera de entender la pedagogía. A los 18, apenas egresado del Sename, entró a la cárcel. Salió. Volvió a caer. Estuvo preso otra vez.
"Salí con más de 20 puñaladas y un 30 por ciento del cuerpo quemado. Probé drogas que nunca había probado afuera. Crack, drogas inyectadas a la vena. La cárcel no te rehabilita. Te endurece".
- ¿Eras choro?
- Sí. Fui líder de la calle seis de la Penitenciaría. Tenía mi grupo. Venía de chico con todo eso: robos, asaltos, aunque nunca maté a nadie. Gracias a Dios. Mis delitos fueron robos con fuerza, con intimidación y por sorpresa.
Me comenta cuál fue la clave de su rehabilitación, de su reinserción social.
- La clave es la confianza y la oportunidad. Que alguien te diga "tú puedes". En mi caso fue un sacerdote, el padre Nicolás Vial, de Fundación Paternitas. Iba a la cárcel, al castigo, a las piezas. Hablaba conmigo. Me orientaba. Me decía "búscame cuando salgas". Así lo hizo.
Secuestros, sicariato, muerte
- Llegué a su fundación, donde partí haciendo aseo. En las tardes estudié primero y segundo medio, después tercero y cuarto. Luego me matriculé en técnico en trabajo social y más tarde saqué la licenciatura. En Fundación Paternitas estuve ocho años. Aprendí de profesionales que trabajaban en reinserción. Llegué a tener oficina propia, después de entrar barriendo.
Tiene tres hijos. La mayor conoce toda su historia. Los más chicos aún no.
- No la oculto. Además, ellos conocen mi trabajo y a las personas que son mis trabajadores en Aguas Dimas. Yo pude canalizar todo lo malo que viví para ayudar a otros. La clave es la confianza y la oportunidad. Y también el ejemplo. Yo a los cabros les demuestro que sí se puede. Que yo también fui delincuente, fui choro, fui líder dentro. Y a pesar de todo eso hoy soy profesional, levanté este proyecto. Cuando ellos ven eso, entienden que ellos también pueden.
- ¿Sientes que tu historia es muy excepcional?
- En el Sename no hubo ningún salvavidas. La ayuda llegó cuando ya era adulto. Cuando alguien se fijó en mí y yo supe reaccionar frente a esa oportunidad. Pero esto no puede depender de la suerte.
Hablamos de la cárcel hoy. De Santiago 1. De una detención reciente, donde por defender a un muchacho de un mal llamado "arresto ciudadano", pasó cinco días preso ahí.
- La situación está mucho peor que en mis tiempos. Nos hacían dormir en el cemento. No había colchón. Corté una botella para poder tomar té, agua, líquido. La comida no alcanzaba para todos. Nunca logré comer en esos días. Tiran la comida y es una verdadera selva. Una realidad que te deshumaniza.
- Siempre se dice que la cárcel es la escuela del delito, pero ahora parece más bien un postgrado...
- La cárcel es la universidad del delito. La escuela es el Sename -sentencia-, basado en su historia personal.
Hablamos del anuncio que hizo el saliente Presidente Boric sobre un proyecto de ley que busca separar funciones: que Gendarmería se haga cargo de la seguridad y que la reinserción quede en manos de otro organismo del Estado. Anuncio hecho inmediatamente después de que 44 gendarmes fueran detenidos acusados de vender e ingresar toda suerte de productos y servicios a los penales. En la Operación Apocalipsis.
Sobre esto afirma: "La corrupción en Gendarmería no es nueva. Ya se veía cuando yo estuve preso en los '90. Pero hoy está peor. Antes entraban alcohol. Después teléfonos. Hoy algunos venden pasta base, otros venden sierras para hacer armas cortopunzantes. Hasta el tánax para los chinches te lo venden en bolsitas, carísimo -no lo dice con rabia, sino con comprensión amarga-.
- El gendarme también vive como preso. Pasa todo el día ahí entro. Termina hablando como choro, culturizándose con los códigos carcelarios. Es fácil que entre en ese juego.
Sobre la propuesta de ley anunciada por Gabriel Boric post Apocalipsis, dice: "Me parece excelente. Hoy Gendarmería dice 'seguridad y reinserción', pero de reinserción no hay nada. Nada. Si tú trabajas ahí y no tenís vocación, sucumbes. Cuando yo trabajaba en Paternitas, más de alguna vez me dijeron 'oye, entráte un pitito, entráte algo'. Y no. No lo hago. Porque sé lo que significa.
Por eso insiste en que la reinserción no puede ser un apéndice policial.
- La reinserción debe depender del Ministerio de Justicia. Y la seguridad, del Ministerio del Interior. Son lógicas distintas. Necesitan miradas diferentes. En este tema, lo primero que hay que entender es que como sociedad tenemos miedo. Y se entiende, porque la delincuencia es real. Hay rechazo al que sale de la cárcel, al que ha cometido delitos. Para cambiar ese estigma, ese segundo castigo, se necesitan políticas concretas.
Para él, la clave es el trabajo.
- El Estado tiene que hacer el esfuerzo de contratar personas con antecedentes. Y también debe empujar a las empresas a hacerlo. Yo fundé Aguas Dimas para eso. Pero deberían existir muchas más Aguas Dimas.
Cuenta que en otros países, al salir de la cárcel, trabajar no es opcional. "Sales con beneficios, pero si no trabajas, los pierdes. Eso ordena la vida".
- ¿Están los empresarios disponibles para recibir a personas con historial delictual?
- Sí, hay sensibilidad en muchos de ellos. Yo participo en un directorio que se llama Juntos por la Reinserción. Hay empresarios, fundaciones, más de cincuenta instituciones. Gente que quiere empujar este tema en serio.
Su argumento no es solo moral. Es práctico. Y ahí se apasiona.
Llevamos décadas invirtiendo en cámaras, rejas, alarmas, guardias, más cárceles. Y hoy estamos peor que nunca. Hoy hablamos de secuestros, de sicariato, de crímenes que no se cometían en Chile. Algo no está funcionando.
100 robos al año
Hace notar que, además, el costo de tener a una persona en prisión es altísimo.
- Un millón de pesos por reo y yo que estuve en Santiago 1 te digo que uno no se explica dónde o en qué se gasta ese millón, porque ni para darles de comer alcanza. Viven en condiciones inhumanas. Y aún así, al salir en libertad, un 60% vuelve a delinquir. ¿Por qué? Porque no hay oportunidades, porque nadie les da trabajo. Imagínate que de los que acceden a beneficios extracarcelarios, como trabajo, sólo un 20% ciento reincide.
Khristian tiene una fórmula, una idea central, sobre la que vuelve una y otra vez: "La reinserción es invertir en seguridad. No son cosas opuestas. La seguridad combate el delito puntual. La reinserción combate la delincuencia".
Lo explica con una imagen simple: "Tú pones una cámara en tu casa. En la del vecino, no hay cámara. El delincuente se va a la casa del lado. Prevención del delito en tu espacio, sí. Pero la delincuencia sigue igual a tu alrededor".
En cambio, sacar a una persona del circuito delictual tiene efectos realmente virtuosos. Y lo demuestra con sus propios cálculos y estadísticas.
- Yo, cuando delinquía, robaba unas 100 veces al año. Dos víctimas por robo. Doscientas personas afectadas al año. Hoy llevo 15 años sin delinquir. Son tres mil personas que no fueron víctimas de un delito, gracias a que yo pude salir adelante, porque alguien confío en mí. Eso -dice- se multiplica.
- La inseguridad se contagia. Si roban en una casa, todo el pasaje se asusta, pone rejas, cámaras. Pero si sacas al delincuente, recuperas el espacio. Recuperas la plaza, el barrio, la comuna. Recuperas la comunidad.
La reinserción, insiste, también ayuda a Carabineros.
- Debe ser frustrante detener a alguien, verlo salir y que al año esté de nuevo preso. Es un círculo sin fin. Con reinserción hay menos delitos, menos gasto fiscal, más seguridad real.
Hace una pausa. Y vuelve a lo personal, sin dramatismo.
- Salir de la cárcel y que nadie te dé trabajo te empuja a seguir en lo mismo. Yo viví eso. Por eso hice Aguas Dimas. Por eso creo que este país tiene que hacer ese cambio. De verdad.