China Hoy: Rápido desarrollo de una China digital
El modelo chino en la arquitectura invisible de Internet.
Empleados realizan una inspección en el centro de datos de China Mobile en la ciudad de Qingyang, provincia de Gansu.
El modelo chino en la arquitectura invisible de Internet.
Empleados realizan una inspección en el centro de datos de China Mobile en la ciudad de Qingyang, provincia de Gansu.
Autor: Martín Rafael López*
El origen de Internet en Occidente se remonta a finales de los años sesenta del siglo pasado con la creación de la Red de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPANET) en Estados Unidos, una red experimental impulsada por el Departamento de Defensa que buscaba garantizar la comunicación entre instituciones académicas y militares. Desde allí, la red se expandió hacia Europa y otros países, consolidándose como un espacio abierto, descentralizado y con fuerte influencia de organismos internacionales en su gobernanza técnica.
En China, en cambio, el nacimiento oficial de Internet ocurrió el 20 de abril de 1994, cuando se estableció la primera conexión permanente con la red global, tras el envío en 1987 de su primer correo electrónico internacional. Desde entonces, el país desarrolló un ecosistema propio, signado por el control estatal y la creación de plataformas locales como Baidu, WeChat y Alibaba, que reemplazan a los servicios occidentales bloqueados por el proyecto "Escudo Dorado", conocido popularmente como el "Gran Cortafuegos".
En la primera década del siglo XXI, con la expansión y el desarrollo de Internet, en el imaginario occidental se instaló la idea de que la red global dependía de apenas 13 servidores. Esta visión, nacida en Estados Unidos y difundida en Europa, transmitía la sensación de fragilidad y de un poder concentrado en pocas manos.
Sin embargo, esa concepción responde a una lógica histórica y técnica propia de sus orígenes. Hoy sabemos que esos "13 servidores" no son máquinas aisladas, sino identificadores lógicos que se replican en miles de instancias distribuidas en todo el mundo gracias a la tecnología anycast, que permite dirigir las solicitudes de los usuarios al servidor más cercano. Este diseño deja que cada consulta sea atendida por el servidor más cercano, garantizando velocidad y seguridad. Actualmente existen cerca de dos mil instancias físicas en decenas de países, operadas por universidades, centros de investigación y empresas privadas.
Este diseño demuestra que Internet no puede apagarse con un "botón rojo". Sin embargo, la gobernanza de la raíz del DNS (sistema que asigna el nombre de los dominios a las direcciones IP, como una suerte de listado telefónico de Internet que permite que los navegadores accedan a los recursos de las webs) sí implica poder: define las reglas técnicas y los estándares; influye de manera profunda en la economía, la política y la vida social global.
Diferente fue el diseño del modelo chino, en el cual se apostó a la creación de un ecosistema propio en el que el desarrollo de la infraestructura digital se ha orientado hacia la resiliencia, la autonomía y la adaptación a las necesidades locales.

China ocupa hoy un lugar cada vez más decisivo en la arquitectura de Internet. El país ha desarrollado sus propios servidores DNS públicos, como AliDNS (Alibaba) y Baidu DNS, capaces de procesar millones de consultas diarias y garantizar un acceso rápido y seguro. Paralelamente, ha impulsado la instalación de instancias raíz (los servidores que posibilitan el primer paso de traducción y resolución de IP para poder aplicar el sistema DNS) dentro de su territorio, reforzando la autonomía de su red y elevando los estándares de seguridad digital.
Esta estrategia de soberanía tecnológica se refleja en proyectos de gran escala: la construcción de centros de datos de última generación, el despliegue masivo de redes 5G y la inversión sostenida en inteligencia artificial. Según el Ministerio de Industria y Tecnología Informática de China, en marzo de 2025 el país había instalado más de 4,3 millones de estaciones base 5G, alcanzando una cobertura superior al 75 % de la población. Estos avances no solo consolidan la conectividad interna, sino que también posicionan a China como un actor clave en la definición de estándares internacionales.
Otro dato ilustrativo resulta revelador: en China más del 80 % de las transacciones cotidianas se realizan mediante pagos móviles, principalmente a través de Alipay y WeChat Pay. Este fenómeno convierte al país en líder mundial en la transición hacia una sociedad sin efectivo y demuestra cómo la infraestructura invisible de Internet impacta directamente en la vida diaria de millones de personas, desde las compras en línea hasta el transporte urbano.
La anatomía oculta de Internet revela que el poder digital no se concentra en un único núcleo, sino que se distribuye en arquitecturas invisibles que sostienen la vida en red. Comprender este entramado es fundamental para reconocer que el futuro de nuestras sociedades dependerá de la capacidad de los Estados para involucrarse activamente en su gobernanza.
En este sentido, China ofrece un ejemplo de cómo combinar soberanía digital con cooperación internacional. Su apuesta por desarrollar infraestructura propia, al mismo tiempo que participa en foros globales de gobernanza, demuestra que la autonomía no significa aislamiento, sino capacidad de incidir en la definición de reglas comunes.
La experiencia china también muestra que la infraestructura digital no es un tema técnico reservado a especialistas, sino un asunto estratégico que impacta en la vida cotidiana: desde los pagos móviles que realizan millones de ciudadanos hasta la seguridad de las comunicaciones diplomáticas y financieras. La estabilidad de la red es, en definitiva, una condición indispensable para el desarrollo económico y social.
En América Latina, la experiencia de China en el desarrollo de infraestructura digital constituye un caso de estudio relevante. La incorporación de instancias raíz, la creación de puntos de intercambio de tráfico y el fortalecimiento de capacidades técnicas locales son medidas que pueden contribuir a mejorar la calidad de la conectividad, optimizar costos y reforzar la seguridad frente a los desafíos del ciberespacio. En este marco, la cooperación internacional se presenta como una vía para avanzar hacia un futuro digital caracterizado por la innovación, la resiliencia y el intercambio global.
Finalmente, la arquitectura invisible de Internet nos recuerda que la soberanía digital no puede lograrse de forma aislada. La coordinación técnica, la confianza institucional y la cooperación internacional son indispensables para evitar la fragmentación de la red y garantizar que el ciberespacio siga siendo un espacio de estabilidad, innovación y desarrollo compartido. En este desafío, China se ha convertido en un actor central, capaz de aportar soluciones y experiencias que enriquecen el debate global.
*Martín Rafael López es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de La Plata (Argentina) y especialista en estudios chinos.