España: La nueva potencia que consolidó su estirpe con una Copa del Mundo
La Furia Roja derrotó a Argentina en la final y bajó su segunda estrella.
La Furia Roja derrotó a Argentina en la final y bajó su segunda estrella.
Con la conquista de la Copa del Mundo 2026, España terminó de confirmar una transformación que llevaba años gestándose. Después de 16 años de levantar su primer título planetario en Sudáfrica 2010, la Furia Roja volvió a la cima del fútbol mundial tras derrotar a Argentina en la final.

El nuevo título representa mucho más que una estrella adicional en el escudo. Es la consolidación de un modelo futbolístico que ha sabido reinventarse durante casi dos décadas, manteniendo una identidad reconocible mientras incorporaba nuevas generaciones capaces de competir al máximo nivel.
Si el equipo campeón de 2010 quedó en la memoria por el histórico dominio del balón encabezado por Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Sergio Busquets, Iker Casillas y David Villa, la generación de 2026 encontró su propio camino bajo el liderazgo de jóvenes figuras como Lamine Yamal, Dani Olmo, Pedri, Gavi, Rodri y una nueva camada que confirmó el enorme trabajo realizado por el fútbol formativo español.

España tardó décadas en transformarse en una potencia mundial, pero una vez que encontró su identidad, inició uno de los ciclos más exitosos que ha conocido el fútbol internacional.
El punto de inflexión llegó con la Eurocopa de 2008, cuando la selección rompió una larga sequía de títulos internacionales, desde la primera Eurocopa, en 1964. Aquella conquista abrió paso a una época dorada sin precedentes.
Dos años después llegó el Mundial de Sudáfrica 2010, conseguido gracias al inolvidable gol de Andrés Iniesta frente a Países Bajos.

La hegemonía continuó con la Eurocopa de 2012, convirtiéndose en la primera selección capaz de enlazar Eurocopa-Mundial-Eurocopa de manera consecutiva.
Después de conquistar el Mundial de Sudáfrica 2010 y completar un ciclo irrepetible con la Eurocopa de 2012, España vivió uno de los períodos más difíciles de su historia reciente. La generación encabezada por Iker Casillas, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Sergio Ramos, Gerard Piqué, Sergio Busquets y David Villa comenzó a despedirse paulatinamente, mientras la selección buscaba sin éxito un recambio capaz de mantener el dominio internacional.
Las decepciones comenzaron en Brasil 2014. La Roja llegó como vigente campeona del mundo, pero quedó eliminada en la fase de grupos tras sufrir una histórica goleada por 5-1 frente a Países Bajos y caer cinco días después ante Chile en el Maracaná. La victoria sobre Australia solo sirvió para maquillar una eliminación prematura que marcó el final de una era.

En Rusia 2018 tampoco logró recuperar el protagonismo. La inesperada salida del técnico Julen Lopetegui en la antesala del torneo golpeó la planificación del equipo, que fue eliminado en los octavos de final por la anfitriona Rusia en una dramática definición por penales.
Cuatro años más tarde, en Catar 2022, España volvió a despedirse en octavos de final, esta vez frente a Marruecos, luego de un empate sin goles y otra definición desde los 12 pasos. Pese a mostrar destellos de buen fútbol, la selección seguía sin encontrar la contundencia necesaria para regresar a la élite mundial.
Durante esos tres Mundiales posteriores al título conseguido en Sudáfrica, la Roja europea apenas consiguió tres victorias: Ante Australia en 2014, Irán en 2018 y Costa Rica en 2022. Un balance muy lejano al protagonismo que había caracterizado al equipo durante su época más gloriosa.
La llegada de Luis de la Fuente a finales de 2022, reemplazando a Luis Enrique, marcó el comienzo de una nueva etapa.
El técnico apostó por una generación de futbolistas a los que conocía desde las selecciones menores y logró construir un equipo que recuperó la identidad competitiva de España, aunque con un estilo más vertical y dinámico. La conquista de la UEFA Nations League en 2023 y de la Eurocopa en 2024 fueron las primeras señales de que el proyecto iba por el camino correcto, antes de completar la obra con el título mundial en 2026.
Con ese recorrido, la selección absoluta logró:
2 Copas del Mundo: 2010 y 2026.
4 Eurocopas: 1964, 2008, 2012 y 2024.
1 UEFA Nations League: 2023.
La fortaleza del fútbol español no nació por casualidad. Durante décadas, la Real Federación Española de Fútbol desarrolló uno de los sistemas formativos más exitosos del planeta, alimentado además por las academias de clubes como Barcelona, Real Madrid, Athletic Club, Villarreal, Valencia, Sevilla y Real Sociedad.
Los resultados aparecen reflejados en prácticamente todas las categorías juveniles.
España ha conquistado múltiples Campeonatos Europeos Sub-17 y Sub-19, además de varias Eurocopas Sub-21, torneo donde históricamente comparte el liderazgo continental como una de las selecciones más exitosas.
También logró proclamarse campeona del Mundial Sub-20 femenino y consiguió importantes actuaciones en torneos masculinos de esa categoría, mientras que en los Juegos Olímpicos ha sido protagonista habitual.
El oro obtenido en Barcelona 1992 marcó el inicio de una tradición olímpica que continuó con la medalla de plata en Sídney 2000, Tokio 2020 y París 2024, confirmando la profundidad del talento español incluso cuando las selecciones olímpicas presentan restricciones de edad.
Ese constante flujo de futbolistas permitió que prácticamente cada generación entregara nuevas figuras a la selección absoluta, asegurando una renovación permanente sin perder competitividad.

El gran arquitecto del segundo campeonato mundial fue Luis de la Fuente.
Tras la eliminación de España en el Mundial de Catar 2022, la Real Federación Española decidió cerrar el ciclo encabezado por Luis Enrique y apostar por un técnico que conocía como pocos el funcionamiento del fútbol formativo nacional.
La elección sorprendió a parte del entorno futbolístico, pero estaba respaldada por un currículum difícil de igualar.
Antes de asumir la selección absoluta, De la Fuente había dirigido prácticamente todas las categorías inferiores del combinado español, conquistando el Campeonato Europeo Sub-19 en 2015, la Eurocopa Sub-21 en 2019 y la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio.
Nadie conocía mejor a la generación que comenzaba a irrumpir en la élite.
Su gran mérito fue construir un equipo menos dependiente de la posesión extrema que caracterizó la era anterior. Sin renunciar al control del balón, España incorporó mayor verticalidad, velocidad por las bandas, presión agresiva y una transición ofensiva mucho más dinámica.
El crecimiento de Rodri como líder absoluto del mediocampo, la explosión de Lamine Yamal y Nico Williams por los extremos, junto con el talento creativo de Dani Olmo, Pedri y Gavi, dieron forma a una selección capaz de dominar los partidos desde distintos registros.
Los resultados llegaron rápidamente.
España ganó la UEFA Nations League 2023, conquistó la Eurocopa 2024 desplegando uno de los mejores niveles futbolísticos del torneo y terminó de completar su obra levantando la Copa Mundial de la FIFA en 2026.
Más que un simple seleccionador campeón, Luis de la Fuente consiguió cerrar el círculo iniciado durante más de una década en las categorías inferiores, llevando a la selección absoluta a los futbolistas que él mismo había ayudado a formar.
España inició su recorrido en la Copa del Mundo con algunas dudas, pero fue creciendo partido a partido hasta convertirse en el equipo más sólido del torneo. El conjunto dirigido por Luis de la Fuente cerró una campaña casi perfecta, con una defensa que apenas concedió un gol antes de la final y una propuesta de juego que volvió a instalar a La Roja Europea entre las grandes potencias del fútbol mundial.
En la fase de grupos, los españoles avanzaron como líderes de su zona tras superar a Uruguay y Arabia Saudita, además de igualar sin goles frente a Cabo Verde en un partido en el que dominaron ampliamente, aunque se encontraron con una inspirada actuación del arquero Vozinha. Ese empate fue el único encuentro del certamen en el que España no logró convertir.
Ya en los dieciseisavos de final, España mostró una versión mucho más contundente y derrotó por 3-0 a Austria, resultado que confirmó su candidatura al título y le permitió instalarse entre los 16 mejores del Mundial.
En octavos de final apareció una de las pruebas más exigentes del campeonato. España eliminó por 1-0 a Portugal, el equipo del eterno Cristiano Ronaldo, en un duelo de alta tensión que se resolvió por la mínima al final, con un gol de Mikel Merino, gracias a una actuación sólida en defensa y al control del mediocampo.
La siguiente estación fue Bélgica en los cuartos de final. España volvió a demostrar personalidad para imponerse por 2-1, consiguiendo el boleto a semifinales y manteniendo intacta su candidatura a conquistar la segunda estrella.
En la ronda de los cuatro mejores llegó probablemente su actuación más convincente.
El equipo de Luis de la Fuente venció por 2-0 a Francia, una de las grandes favoritas del torneo, con goles de Mikel Oyarzabal y Pedro Porro. La Roja dominó el encuentro de principio a fin, neutralizó el poder ofensivo francés y regresó a una final mundialista 16 años después de la conquistada en Sudáfrica 2010.
En la final, disputada en el Estadio MetLife de Nueva Jersey, España completó su histórica campaña al derrotar a Argentina, la selección de Lionel Messi, con un gol de Ferran Torres en el alargue, y conquistar su segundo título mundial, cerrando un recorrido que incluyó seis victorias, un empate y apenas un gol recibido en todo el torneo.
El título de 2026 no solo amplía el palmarés español.
También instala definitivamente a la Roja entre las grandes selecciones de todos los tiempos.
Con dos Copas del Mundo, cuatro Eurocopas, una Nations League y una producción constante de talentos que domina el fútbol juvenil europeo desde hace décadas, España consolidó un modelo deportivo que combina formación, identidad y continuidad.
La generación campeona de 2026 ya ocupa un lugar privilegiado junto a la inolvidable selección de 2010, demostrando que el éxito español no fue producto de una generación irrepetible, sino de un proyecto capaz de renovarse sin perder su esencia.
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