El cineasta Ridley Scott sigue demostrando que aún puede contar buenas historias, pese a que, a sus 88 años, no necesita probar nada. Incluso si no está a la altura de sus influyentes clásicos como "Alien" (1979), "Blade Runner" (1982) o "Gladiador" (2000), su más reciente película, "La Guerra de los Últimos" ("The Dog Stars"), tiene al director con una singular y optimista visión del fin del mundo.
Aunque todo haya terminado y la realidad que conocimos ya no exista, todavía es posible encontrar una luz, una esperanza, entre todo el caos.
Inspirada en la novela "La constelación del perro" de Peter Heller y adaptada por el guionista Mark L. Smith ("El Renacido"), la historia nos lleva a un futuro no muy lejano en el que un virus arrasó con gran parte de la humanidad.
En este mundo postapocalíptico, el piloto y mecánico "Hig" (un efectivo Jacob Elordi) intenta darle sentido a su existencia recolectando alimentos, medicinas y recursos, transportándola tanto a su refugio como a aisladas comunidades de sobrevivientes.
Un trágico evento, que le pone en conflicto con su compañero militar "Bangley" (Josh Brolin, tremendo), lo lleva a tomar su avión e iniciar una travesía para buscar el origen de una misteriosa señal.
"Bangley", interpretado por Josh Brolin, un militar especialista en sobrevivir, disparando primero y preguntando después. (Foto: 20th Century Studios)
En una primera revisión, "La Guerra de los Últimos" no ofrece nada que no se haya visto en cualquier otra historia de mundos postapocalípticos. El diseño de producción, la ambientación y el vestuario bien pueden pertenecer a "The Last of Us" o "Soy Leyenda", por dar ejemplos, además de apoyarse en melodías country que resultan muy familiares a los sonidos que acompañan relatos familiares.
Hay sobrevivientes salvajes, comunidades religiosas, pequeñas y extravagantes sociedades cerradas, todos buscando existir en un mundo donde todo perdió sentido.
Nada que no se pueda esperar de estas historias, prácticamente marcando todas las casillas, pero Scott logra moverse con soltura entre los lugares que parecen comunes para narrar un relato donde aquellos que aprendieron oficios, los que trabajaron todos los días con sus manos, son los que permanecerán tras la calamidad.
El "Hig" de Elordi es un mecánico, alguien que siempre estaba arreglando cosas, y ese contraste con el "Bangley" de Brolin, quien parece haber encontrado sentido a su vida cuando el mundo que conocía dejó de existir, es una de las mayores fortalezas de la película.
"Hig" intenta ver el planeta con algo de optimismo, disfrutando de los silenciosos y calmados momentos en los que vuela en su avioneta junto a su perro, tratando de arreglar todo lo que se ponga en su camino, pero termina olvidando reparar lo que está roto dentro de él. "Bangley", en tanto, desconfía de todo y todos, teniendo la violencia siempre como respuesta y abrazando el caos cuando golpea a su puerta.
Margaret Qualley encarna el mundo más simple dentro del caos postapocalíptico. (Foto: 20th Century Studios)
Cuando "Hig" inicia su travesía, entran en escena los personajes de Margaret Qualley y Guy Pearce, ayudando a darle un sentido a aquel viaje marcado por encuentros y contratiempos donde el destino puede estar más cerca de lo que inicialmente se pensó.
Brolin y Pearce ayudan a fortalecer un elenco que cumple bien, incluyendo una Allison Janney que da el toque de extravagancia en una secuencia sumamente delirante, entre escenas contemplativas de gran escala y pequeños momentos que son emocionalmente potentes, como volver a escuchar una canción después de años de desconexión total.
No es lo mejor que haya dirigido este Scott más íntimo, pero el mayor valor de "La Guerra de los Últimos" es demostrar que el cineasta todavía sigue con ganas de contar historias, sin perder su pulso narrativo y mirando al fin de los tiempos con algo de optimismo. Un mecánico intentando arreglar lo que pareciera irreparable.
"La Guerra de los Últimos" se estrenó este jueves 27 de agosto en cines.