Banda brasileña robaba fármacos contra el cáncer y los revendía a hospitales
La organización criminal era parte del llamado Terceiro Comando Puro, poderoso grupo narco de Río de Janeiro.
La organización criminal era parte del llamado Terceiro Comando Puro, poderoso grupo narco de Río de Janeiro.
La policía de Brasil desarticuló una banda dedicada a robar medicamentos contra el cáncer para revenderlos después a hospitales públicos y privados, a través de un entramado de empresas fantasma, informaron fuentes oficiales.
El operativo se realizó simultáneamente en el Complejo de Maré, un conjunto de favelas considerado como uno de los principales puntos de entrada de droga en Río de Janeiro, y en direcciones de los estados de Sao Paulo, Goiás y Pará.
El grupo delictual, ligada al Terceiro Comando Puro (TCP), una poderosa organización criminal de Río, movió unos 33 millones de reales (6,5 millones de dólares) entre 2025 y 2026 con la reventa irregular de fármacos, de acuerdo con las autoridades.
La investigación identificó una trama "altamente sofisticada y violenta" especializada en robar cargas de medicamentos oncológicos e inmunosupresores de alto valor de mercado que tenían como destino final hospitales públicos y privados.
De acuerdo con las pesquisas, la banda, que estaba compuesta por diferentes núcleos de actuación, cometió al menos 20 robos de este tipo en los últimos seis meses.
Los asaltos eran llevados a cabo por hombres "fuertemente armados", que después transportaban la carga a áreas dominadas por el TCP en el Complejo de Maré, donde era almacenada, separada y distribuida hacia otros miembros de la organización.
Para esconder el origen ilícito de los medicamentos, el grupo usó al menos 25 empresas ficticias como fachada, así como transportadoras, entregadores y testaferros a su servicio.
La policía constató también que una de las células de la banda se encargaba de "captar a empleados de empresas de transporte para obtener información privilegiada sobre las rutas y los cargamentos"; y finalmente el material robado era revendido a hospitales privados y, en algunos casos, públicos a través de licitaciones.
La red delictiva se presentaba a esas subastas con precios inferiores a los del mercado para asegurarse la adjudicación y colocar así el producto de origen ilícito en la cadena legal de suministro.