Corea del Sur vive el último verano en el que podrá venderse la sopa de carne de perro -un plato tradicional de los meses de más calor-, antes de que la prohibición del comercio de estos animales para consumo humano entre en vigor en 2027.
"Es difícil... El año que viene ya no podré seguir con un negocio al que me he dedicado durante más de 40 años. ¿Cómo voy a saber si otro negocio va a funcionar o no?", dijo a la agencia de noticias EFE Lee, una septuagenaria dueña de un restorán ubicado en pleno centro de Seúl especializado en "bosintang", que significa "sopa nutritiva para el cuerpo".
El consumo de sopas de carne de perro en Corea está documentado desde la dinastía Joseon (1392-1910) y se asocia al "boknal", los tres días que marcan tradicionalmente el periodo más caluroso del verano en la península.
La tradición, sin embargo, terminará en febrero del próximo año, cuando finalice el periodo de gracia de la ley aprobada en 2024 que prohíbe la crianza y el sacrificio de perros para obtener, distribuir o vender su carne.
La norma establece que todo el que sacrifique a un perro para consumo humano podría enfrentarse hasta a tres años de prisión o una multa máxima de 30 millones de wones (unos 21.700 dólares, casi 20 millones de pesos chilenos).
Desaparición de un negocio tradicional
La acelerada desaparición del negocio es visible en el callejón "bosintang" del mercado Sinjin, donde solo queda el restaurante de Lee y otro más.
"¿Qué clase de política es esta en Corea del Sur, que el año que viene les quita a los ciudadanos su sustento de vida? ¿Qué país prohíbe por ley un alimento? Entonces, ¿por qué se sacrifican vacas, cerdos o pollos para comer su carne?", se queja la dueña de "Bosintang Tradicional".
A nivel nacional, el Gobierno identificó 2.352 restaurantes dedicados a servir platos con carne de perro tras el proceso de declaración de 2024, de los que 1.902 comunicaron su intención de cambiar el negocio o menú y 450 optaron por cerrar, según datos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Corea del Sur.
"No hay otra cosa que pueda hacer. Solo me quedan (los platos) de cabra negra. Como la forma de condimentarla es parecida, alguien que solo ha hecho esto toda su vida, ¿de qué otra cosa va a vivir?", insiste Lee, consultada sobre si seguirá los pasos de otros establecimientos que están optando por cambiar el menú con apoyo gubernamental.
Explica que los platos de cabra negra no se consumen mucho entre los hombres, al considerarse tradicionalmente un alimento más indicado para las mujeres.
La incomodidad que hoy en día rodea al consumo de carne de perro en el país asiático era también palpable en este mercado de la capital. Los únicos dos clientes presentes rechazaron que EFE fotografiara sus platos, y los propietarios pidieron expresamente que no se mostraran los rostros de los comensales.
Maltrato continuo y sacrificio masivo
El movimiento animalista lleva años denunciando las condiciones de las granjas de perros, que operaban bajo un marco regulatorio ambiguo, donde los animales vivían confinados en pequeñas jaulas de alambre, expuestos al frío y al calor extremos y con heridas o infecciones sin tratar.
A mayo de este año quedaban 272 granjas de perros, un 82 por ciento menos que las 1.537 registradas en 2024, según un informe del Ministerio de Agricultura.
Sin embargo, las condiciones en la cría intensiva de perros en las granjas restantes "son tan malas como antes", dijo a EFE Lee Sang-kyung, director de campañas de la ONG Humane World for Animals Korea, que realiza campañas de rescate y adopción de estos canes.
El activista agregó que los perros de las explotaciones siguen presentando "enfermedades de la piel, problemas oculares, desnutrición y deformidades en las patas", mientras que las hembras continúan dando a luz a cachorros que vivirán "una vida miserable", pese al declive de la industria.
Según datos del Gobierno citados en marzo por el diario local Bridge Economy, de los 393 mil 857 perros contabilizados en granjas que habían cerrado, cerca del 97 por ciento fueron registrados como "expedidos": enviados a mataderos.
"Las estadísticas gubernamentales revelan, como era de esperar", dice Humane World que las autoridades no buscaron o no encontraron una solución para "su rescate, rehabilitación o adopción".