Perú llega a la segunda vuelta electoral en un momento crítico de su historia republicana. Más allá de la disputa de nombres entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, lo que se dirimirá en las urnas este domingo es el rumbo de un país que enfrenta crisis simultáneas en seguridad, ética pública y cohesión social.
Para el electorado, la elección no es solo una decisión ideológica, sino una respuesta a necesidades básicas insatisfechas.
Hay tres puntos neurálgicos que el ganador deberá atender de inmediato: "Seguridad (lucha contra el crimen organizado, la gente quiere salir y que sus hijos regresen a casa sanos y salvos, ya que siete peruanos mueren diariamente asesinados); transparencia y limpieza, lucha contra la corrupción, que no te pidan coimas... y tercero, sin duda, trabajo", explica Ricardo Alva Martínez, corresponsal de Cooperativa en el país vecino.
De todas formas, el desafío más grande que se juega Perú es su propia unidad. Los datos de las encuestas y el análisis de campo revelan una fractura territorial que parece profundizarse con cada elección.
El próximo presidente o presidenta heredará un país donde las provincias y la capital parecen vivir realidades paralelas, comentó el reportero.